Lizzy era una niña normal que vivía con sus padres en su pequeña granja en algún lugar de la provincia de Aragón. Era hija única y pasaba la mayor parte del tiempo sola, reflexionando sobre lo que veía a su alrededor. Podía pasar horas mirando un reloj de diente de león, resistiendo las ganas de soplar. 

Cuando por fin lo hacía, estaba tan encantada con el efecto que se reía a carcajadas y corría tras las semillas que flotaban en sus pequeños paracaídas.